¿La montaña y los niños son compatibles?

Como padres y amantes del montañismo, muchas veces nos llenamos de miedos, dudas e incertidumbres para salir  a la montaña con nuestros hijos. Pero hoy te liberamos de esos miedos y te compartimos los excelentes consejos de Victor Riverola, quien es Periodista, escritor, alpinista y CEO en Matterfilm y ademas es papá y nos comparte grandiosos consejos que no podemos pasar por alto.

«Casi todo en esta vida es compatible si existe voluntad y ganas de alcanzar un objetivo. A muchas familias seguro que les han preguntado varias veces aquello de:

“¿Ustedes a donde van de vacaciones, a la montaña o la playa?” o “¿Qué hacen con los niños durante el verano?”

Es evidente que la playa y el mar tienen sus ventajas a la hora de planificar unas vacaciones y muchos niños y niñas disfrutan como locos bañándose y jugando en la arena. Pero si tenemos muy claro que lo nuestro es la montaña, lo llevamos en el corazón desde hace años y es nuestro deseo fomentar el amor, el respeto y la pasión por la montaña en los mas pequeños, debemos tener muy presente que si forzamos a nuestros hijos a que sigan los pasos de los padres sin criterio ni responsabilidad, acabarán por odiar aquello que nosotros mas amamos.

Es muy importante trabajar desde la base y desde casa dicho amor, respeto y pasión por la montaña. Este es uno de los grandes motivos por los cuales existe este manual, pues en sus páginas tratamos de narrar de una forma amena y cercana muchos detalles y situaciones personales que creemos pueden ayudar al lector a la hora de practicar montañismo con niños.

Son tres las máximas que rigen nuestras salidas a la montaña:

  • La montaña nunca es fácil, hay que respetarla.
  • La montaña no se moverá, podemos volver en otra ocasión.
  • A la montaña se va a disfrutar y aquí disfrutamos todos.

Basándonos en estos tres principios, desde el primer día que decidimos calzarnos las botas y cargarnos los críos a la espalda, la dificultad y la duración de los itinerarios marcó la evolución de nuestras salidas a la montaña y nos ayudó a ir paso a paso, descubriendo en familia la capacidad de resistencia de nuestros pequeños y sus ganas de seguir avanzando. En alta montaña, la línea que separa el senderismo del alpinismo suele ser mucho mas delgada de lo que nos podemos llegar a imaginar cuando viajamos con niños. El paso de senderismo a alpinismo es muy corto y suele llegar de golpe, durante un trekking de varios días o en el transcurso de una ascensión que inicialmente consideramos como fácil o asequible.

 

La montaña y los niños son compatibles al 100%, destacando la influencia que la montaña ejerce sobre los mas pequeños a la hora de desarrollar su capacidad cognitiva y su desarrollo motor.


Puede que algunas montañas sean mas accesibles que otras, ofreciéndonos un nivel menor de dificultad técnica, pero nunca debemos subestimarlas. Una tormenta, una bajada súbita de temperatura o la aparición de niebla pueden complicarnos en pocos minutos un apacible paseo de fin de semana en alta montaña, obligándonos en todo momento a estar preparados y a tener la experiencia necesaria. La montaña y los niños son compatibles al 100%, destacando la influencia que la montaña ejerce sobre los mas pequeños a la hora de desarrollar su capacidad cognitiva y su desarrollo motor. Dicha compatibilidad hay que trabajarla y cuidarla, sin olvidar que lo que estamos haciendo es un trabajo en equipo, donde los horarios se adaptan y los niños nos ayudarán a marcar el ritmo.

En España, pero sobretodo en los Alpes, muchos itinerarios marcados como “asequibles” suelen complicarse en caso de encontrar nieve o algún que otro paso donde será necesario trepar, aunque solo sean unos metros. Pasar del simple camino o sendero a un paso mínimamente complicado no supone ningún problema si vamos solos, pero con niños debemos tener muy claro como afrontar las dificultades en uno o en varios itinerarios por alta montaña. Lo mas lógico es ir paso a paso, llevándoles primero en la mochila (la delantera y la de espalda) desde donde se obtiene una buena visión panorámica del paisaje y del entorno que les rodea. Gradualmente les enseñaremos a caminar por la montaña, a superar pequeños obstáculos como pueden ser las piedras o las raíces que suelen decorar muchos caminos y senderos de montaña, dejándoles que experimenten durante unas horas el contacto de sus pequeñas botas con el terreno. 

En ocasiones se mostrarán muy proclives a participar y en otras volverán corriendo a la mochila, que para ellos es como un helicóptero que les lleva a todas partes con seguridad y comodidad. Sin obligarles y con mucho tacto, poco a poco les ayudaremos a abandonar la mochila, empezando con unas cuantas excursiones cortas por senderos casi llanos, hasta llegar a sus primeras grimpadas y los trekkings de varios días, siempre bien asegurados, sin miedo a parecer exagerados. En la montaña y con niños, toda precaución es poca. La montaña, a diferencia de la playa o la ciudad (con todos sus peligros), suele exigirnos por regla general, un esfuerzo superior, un sacrificio tanto físico como psicológico que no siempre es aceptado por los niños. Realizar actividades al aire libre en entornos naturales conlleva estar alerta en todo momento, pues los niños tienen tendencia a envalentonarse y a perderle el respeto a un entorno al que empiezan a considerar como “de la familia”.

Una de las actividades que podemos realizar en familia y que suele dar muy buenos resultados es pasar una o dos noches en un refugio de montaña. Aunque tengamos el campo base situado en un hostal, en un hotel de montaña o un camping, si realizamos un trekking de varios días, podemos aprovechar para mostrarles a los niños lo que es y como se vive en un refugio de montaña. Si los niños tienen bien marcados sus horarios de sueño y son capaces de dormir tranquilos (levantándose solo una o dos veces para beber leche o ir al baño), la experiencia puede llegar a ser muy gratificante. Si son muy pequeños (bebes) y suelen dormir bien, les colocaremos pegaditos a sus padres, tapados sea con mantas o con el saco de dormir. Normalmente pedirán una o dos veces leche o agua durante la noche, pero no molestarán en exceso.

Cuando los peques pasan de los dos o tres años, puede que les cueste un poco mas conciliar el sueño en un entorno tan diferente al que suelen estar acostumbrados, pero por regla general, la emoción del momento y la peculiaridad del lugar, les seducen de tal forma que suelen aceptar gustosos las nuevas normas que les impone la pernocta en un refugio. Es cierto que algunos guardas nos han mirado con cierto aire de incredulidad al llegar a casi 3.000m al anochecer con dos pequeños a cuestas, pero nunca nos han prohibido pernoctar con un bebé en un refugio/hostelería de montaña. Muchos guardas nos han animado y nos animan a seguir practicando alpinismo con niños, opinando que es mucho peor soportar los ronquidos o ciertos olores corporales de algunos montañeros durante toda la noche, que los posibles lloros puntuales de un pequeño en busca de su biberón.

 

La montaña y los niños son compatibles si nos preocupamos por ellos y no les tratamos como meros acompañantes. 

 

Por nuestra parte nunca tuvimos problemas con nuestros hijos pues estaban tan agotados al meterse en el saco que eran incapaces de despertarse, pero si que es cierto que algún breve sollozo han soltado de madrugada en busca de su preciada leche, coincidiendo con la hora de iniciar un trekking o una ascensión. Otra opción paralela a la de dormir en refugios de montaña es montar una tienda de campaña para cuatro y pasar la noche bajo las estrellas. La experiencia suele encandilar a los niños de tal forma que, al llegar a casa, recuerdan con una grandísima emoción muchas de las anécdotas vividas. La montaña y los niños son compatibles si nos preocupamos por ellos y no les tratamos como meros acompañantes.


Los niños forman parte de un equipo muy importante: su familia, y aquí no valen ni las prisas, ni los nervios, ni los individualismos. Si queremos hacer montaña a nuestro aire, sea para entrenar o porque nos gusta estar solos, mejor dejamos a los niños con los abuelos (si podemos) pues la experiencia de realizar actividades de montaña con niños debe realizarse desde una perspectiva totalmente familiar, ayudándoles a descubrir todo lo que la naturaleza les ofrece, con paciencia y positividad y unas gotas de imaginación y fantasía.

Hoy en día, una parte de lo que entendemos por excursionismo, se ha banalizado por culpa de una sociedad excesivamente estresada que está perdiendo la capacidad de organizarse durante un periodo vacacional de mas de dos semanas. Son muchos los que van a la montaña y quieren hacerlo todo en dos días: llegar, subir, bajar y a poder ser, comer algo en un refugio y comprar productos típicos de la región mientras hacen fotos o filman en video. Digamos que hay que olvidar esta filosofía si vamos a ir a la montaña con niños. Ir de viaje en familia es algo único, que no tiene nada que ver ni con los viajes de trabajo, ni de pareja, ni con amigos. Debemos tener muy claro que si queremos disfrutar del monte en familia, el móvil deberá permanecer apagado durante casi todo el día, el coche mejor no tocarlo en exceso y las prisas las dejaremos para el resto de año. Mejor mentalizarse con antelación y tenerlo claro que no llegar al destino y pasar diez días atacados por los nervios. Por supuesto que no todos los niños y niñas son iguales, y aunque por regla general los niños son movidos, nerviosos y disfrutan con todo lo que huele a nuevo, también hay niños muy calmados, serios, que atienden a la primera y sin rechistar (no es nuestro caso).

 

Donde, como y cuando iniciar a los niños en la montaña.

Normalmente y a menos que tengamos la suerte de vivir en la montaña, los niños no descubren la naturaleza salvaje hasta que los padres les llevan por primera vez. Puede que dicho descubrimiento llegue de la mano de su escuela, durante unos campamentos o de una agrupación o club excursionista. Sea como fuere, es importante que el primer contacto del niño con la montaña sea lo antes posible, aunque solo tenga semanas. Pensemos que la cantidad de información y detalles que van a recibir antes de los cinco años les será muy útil a la hora de formarse física e intelectualmente y poco a poco, la montaña les acompañará, familiarizándose con un entorno lleno de vida, emoción y grandes espacios. Con el paso de los años y de una forma gradual, el nivel de dificultad de las excursiones irá en aumento y el disfrute de la actividad, siempre controlando los riesgos, será mucho mayor.

Aunque por regla general, cualquier montaña es buena para iniciarles, todo depende de los días que se puedan invertir, de la edad de los niños y de nuestro estado de forma. Seguir una pauta sencilla y práctica nos ayudará a preparar nuestras actividades y a seleccionar destinos que se adapten a nuestros gustos y necesidades.

  • Podemos empezar a salir a la montaña con bebés a partir de las tres o cuatro semanas, seleccionando siempre destinos que sean cercanos o que nos ofrezcan los servicios necesarios para comprar pañales, comida y medicamentos en caso de necesidad.
  • Antes de partir, tendremos muy claro donde vamos y lo que nos vamos a encontrar. Un buen estudio previo del terreno o la zona nos ayudará a no llevarnos sorpresas. Es importante comprar mapas con antelación.
  • Por regla general, cualquier montaña es buena para iniciar a los niños, todo depende de los días que se puedan invertir para realizar el trekking o la excursión y de nuestro estado de forma. Lo ideal es llevarles a montañas de entre 1.000 y 2.000m, aunque en cotas inferiores también pueden practicar senderismo y otras actividades de montaña.
  • Hacer de las salidas a la montaña una experiencia inolvidable es responsabilidad nuestra, no de los niños. Por supuesto que la predisposición ayuda, pero la motivación corre a cuenta de los padres y familiares. Son los niños los que marcan el ritmo, no los padres. 
  • Debemos evitar situaciones que les generen miedo, ansiedad, nervios e inseguridad. Es importante educarles en la montaña a partir de una progresión lenta pero segura. Podemos ayudarles, pero no empujarles ni apretarles en exceso. 
  • Llevar bebes de dos o tres meses en una mochila delantera a la montaña es perfectamente viable si se avanza por un terreno poco accidentado o se tiene experiencia en media y alta montaña. 
  • Gradualmente subiremos la cota y el nivel de dificultad, equipándonos correctamente a la vez que transmitimos a los niños la importancia de la prevención de riesgos y la seguridad en alta montaña.
  • Si nuestra intención es subir a dormir a un refugio y el sendero no ofrece grandes complicaciones, subiremos tranquilamente realizando breves paradas para comprobar que todo esté en orden y que el niño o niños vayan cómodos.
  • Lo mejor que le puede pasar a un niño en la montaña es que entable amistad con otro de mas o menos edad. De ese modo compartirán experiencias y aventuras, jugarán, descubrirán nuevas sensaciones y se ayudarán los unos a los otros. No se sentirán tan obligados a la hora de caminar, no se aburrirán y disfrutarán mucho mas.


La montaña es un entorno cambiante tanto a nivel de orografía como meteorológicamente hablando, así pues, es muy importante tener un buen conocimiento del entorno geográfico que nos vamos a encontrar antes de partir.

Estudiar el destino con antelación, consultar a través de Internet con las oficinas de turismo, repasar fotos en flickr.com, preparar sobre el plano los itinerarios y las pernoctas, nos ayudará a viajar y a caminar con una mayor seguridad, identificando el relieve y hasta el paisaje, adelantándonos a los posibles imprevistos que puedan surgir.

También es importante saber con antelación los horarios de los transportes que utilizaremos, las huelgas que pueden haberse organizado (hoy en día nunca sabes lo que te vas a encontrar) y la previsión meteorológica a medio y corto plazo, con la intención de preparar el tipo de ropa mas adecuado. La preparación logística, la organización a nivel de horarios, la selección del material y la motivación antes, durante y después de realizar nuestras actividades alpinas, son factores clave para que el niño disfrute de este maravilloso deporte. Si improvisamos al 100%, los niños pueden disfrutar uno o dos días, pero terminarán por aburrirse y evadirse si no siguen una pauta establecida con anterioridad. Dicha pauta no debe ser rigurosa, pero tampoco inexistente.

 

Los niños actúan siempre por intuición a la hora de caminar por la montaña y ni tienen la preparación física de los adultos ni la capacidad de orientación lo suficientemente desarrollada como para no perderse. Nunca debemos dejarles solos, ni diez segundos, y en todo momento, observaremos si el entorno que nos rodea puede ofrecer algún tipo de riesgo. La sobreprotección es negativa, pero no por ello dejaremos de estar alerta, afrontando los desniveles y los obstáculos del camino siempre juntos, nunca por separado.

Durante una conversación informal con el alpinista y ochomilista Oscar Cadiach, comentamos cual podía ser la edad ideal para iniciar a los niños en los deportes de montaña y coincidió con nosotros a la hora de afirmar que cuando antes descubran la montaña, mucho mejor, pues esta formará parte de sus recuerdos y de su formación como personas. Si hablamos de alta montaña y de trekkings fuera de Europa, la mejor edad para empezar a realizar viajes largos con niños es a partir de los cinco o seis años, cuando ya son lo bastante autosuficientes como para poder responsabilizarse de su equipo y sus cosas, a la vez que sus defensas son mas potentes y soportan mucho mejor el cansancio. La técnica y la forma de afrontar las dificultades se irá perfeccionando de forma gradual y si verdaderamente el niño tiene ganas de aumentar el nivel de dificultad, los padres deberán apoyarle para que con el paso del tiempo, sea él mismo quien decida el ritmo de progresión en dicho aprendizaje.

Con el paso del tiempo, los niños dominarán uso del material de montaña, tendrán cuidado a la hora de utilizar un piolet o los crampones y mostrarán mucho mas respeto por el entorno, lo cual no quiere decir que no lo muestren desde un inicio, pero es normal que durante las primeras salidas, no tengan muy clara la diferencia de hábitos y costumbres entre su casa y la montaña. Hay que tener presente que el niño es un individuo inteligente pero con falta de experiencia. Las personas que configuran su entorno mas cercano tendrán que hacer un esfuerzo para ponerse a su nivel y transmitirle su experiencia a fin de que no cometan errores de peso.

Hoy en día, agradecemos que los consejos básicos no hayan cambiado, pero no todo el mundo tiene la misma capacidad de informar. Somos muchos los que creemos que las explicaciones sobre lo que es la montaña y lo que representa para sus habitantes, el respeto por su delicado entorno, su conformación geológica y biológica, su historia y un largo etc…deberían entrar obligatoriamente en el decágono de la formación infantil para acceder a nuestro deporte. También creemos que es igual de importante compartir las experiencias con amigos, familiares o con los compañeros de clase, que en ocasiones pueden ser amigos y en otras solo compañeros en la escuela. Salir de excursión con otros miembros de la familia o con buenos amigos que tengan hijos de la misma edad que los nuestros, como bien decía Carlos Soria en su prólogo, estimula su imaginación, fomenta el compañerismo y hace que el tiempo pase mas deprisa, con lo que tardan mas en cansarse o agobiarse. Al mismo tiempo, deja respirar un poco mas a los padres, a la vez que crea una afición y unas ganas de volver que con el paso del tiempo, se agradecen muchísimo.

Aunque los padres carguemos con las mochilas mas pesadas, con el agua, la comida y con casi todo el equipo, es interesante que los niños y niñas lleven sus propias mochilas, pequeñas pero prácticas a la hora de enseñarles el significado de las palabras “responsabilidad” y “propiedad”. Dentro de sus mochilas pueden llevar una pequeña cantimplora o un vaso cerrado con agua o zumos. También pueden llevar algo de comida, un cómic, un libro, la funda de sus gafas, una gorra y la Nintendo o PSP, que siempre ayuda a pasar un buen rato en caso de mal tiempo o de noche en un refugio. No recomendamos llevar mucha tecnología a la montaña, ni somos partidarios del uso frecuente del molesto teléfono móvil (que nos puede ser muy útil en caso de emergencia), pero reconocemos que un juego electrónico, un buen libro o un DVD portátil, pueden salvarnos del tedio en según que casos…

En ocasiones, durante el transcurso de un trekking de varios días, puede que nos veamos obligados a pernoctar en un hotel de cierta categoría situado en una población de montaña por la que no teníamos previsto pasar. Sea por inclemencias meteorológicas que nos obligan a alterar nuestra recorrido o porque el refugio al que tenemos pensado ir está cerrado por motivos que se escapan a nuestras previsiones, los cambios de planes no deben alarmarnos, aunque, eso si, debemos afrontarlos siempre en familia y por amplio consenso. Pernoctar en un refugio de alta montaña y al cabo de uno o dos días dormir en un hotel de tres o cuatro estrellas, con su piscina y su sala de juegos es algo que los niños no olvidan fácilmente y puede llegar a ser complicado y hasta conflictivo convencerles a la hora de volver al colchón y al dormitorio común.

Para evitar rabietas innecesarias y actitudes que pueden poner en peligro la armonía y la paz familiar, es importante dormir en hoteles y hostelerías de una misma categoría, para que los niños (y los padres) no noten excesivas diferencias entre un alojamiento y otro, llevando siempre con nosotros un pequeño listado de hoteles y fondas de toda la región por donde va a discurrir nuestra excursión. Antes de salir de casa, les informaremos de cómo va a ser nuestro destino, que nos vamos a encontrar y donde vamos a dormir. Tener claras las cosas antes de partir, ayuda a evitar sorpresas.

Si realizamos travesías de varios días, como la Cavalls del Vent (6 días) en el Pirineo o el Tour del Monte Rosa o el Matterhorn (8 o 9 días), es importante que sepamos fomentar a los niños la emoción de llegar cada día a un nuevo refugio o punto de acampada diferente al anterior. Si nuestros hijos se muestran ilusionados, cada llegada a un refugio será toda una aventura, muy difícil de olvidar. ¡Y no podemos olvidar nuestros amigos los cuentos!. Sea de día o de noche, los niños aprecian muchísimo los buenos cuentos llenos de aventuras. Los padres debemos convertirnos cuando se tercie en buenos narradores de anécdotas e historias, puede ser sobre la región que estamos atravesando. En las principales cordilleras del planeta existen miles de historias que fascinan por su mezcla de misterio, rigor histórico y espectacularidad. También es importante recordarles que en el refugio o hostal les espera comida caliente y bebida.

Para poder apreciar un buen trekking en toda su magnitud y si nuestro calendario vacacional nos lo permite, destinaremos unos días libres al final de nuestra aventura familiar para descansar y “digerir” los acontecimientos vividos toda la semana. A poder ser, y recordando lo que comentábamos sobre el confort de los alojamientos, los últimos días dormiremos en hoteles confortables pero que no se excedan en lujos ni en detalles que eclipsen la magia y la humildad de los alojamientos de alta montaña.»

Deja un comentario

error: ¡¡Contenido protegido!!